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El Manual del Niño Feliz

El Manual del Niño Feliz

Las claves para educar a unos hijos felices.

El mundo está lleno de consejos sobre cómo educar a los niños. El problema es que cada uno comenta algo diferente. Y mientras intentas descubrir quién pudiera tener la razón, te olvidas de consultar al mayor experto del mundo en las necesidades de tu hijo: tu hijo.

Por supuesto, ello no significa que debas ceder ante todos los deseos de tu hijo, pero como descubriremos a lo largo del resumen de este libro de la autora Katie Hurley, para que tu hijo crezca feliz y confiado, lo mejor es escucharlo y alentarlo a explorar y a expresar sus emociones. Si sintonizas con tu pequeño, él o ella te enseñará cómo debe ser educado.

Los enfoques genéricos resultan útiles, pero siempre es necesario “bajarlos” al caso particular, por lo que en lo que se refiere al tema de la educación de tu hijo, escucharle y observarle tanto a él, como a ti mismo, es obligado: sin ello no podrás particularizar.

Además, en el caso de tener más de uno, aunque el ambiente y los padres sean los mismos, cada niño es diferente, por lo que esta tarea de particularización es vital: algo que puede valer para todos tus hijos tendrás que manifestarlo de forma diferente para que llegue a cada una de ellos, en la forma en la que mejor lo pueda entender y utilizar él o ella en particular.  

TIP: Cada niño es diferente: Particulariza siempre para cada uno de tus hijos.

 

Digamos que tienes dos hijos adorables: una niña y un niño. Los quieres a ambos con locura y siempre tienes mucho cuidado de compartir tu amor de manera justa. Eres diligente a la hora de dividir tu atención en partes iguales entre ambos y evitas por ejemplo, abrazar a uno sin también abrazar acto seguido al otro. Sin embargo, ¿por qué tu hijo se muestra tan distante cuando hablas con él, y por qué se escapa de tus abrazos con tanta frecuencia?

Podría deberse a que no estás satisfaciendo sus necesidades de la manera apropiada para él. La realidad es que diferentes niños poseen diferentes necesidades. Y es nuestra responsabilidad como padres educar a nuestros hijos de acuerdo con sus personalidades.

 

TIP: Celebra la personalidad de tu hijo, tal como es. Es único, y es apasionante descubrir esa unicidad, todas las formas en las que tu hijo es único.

 

Es posible, por ejemplo, que tu hijo no necesite mucha interacción y afecto físico para ser feliz. Tu hija, por otro lado, sí que lo espera: busca tus abrazos, tu contacto físico y quiere estar contigo todo el día. Al pasar más tiempo charlando y abrazando a tu hija y menos con tu hijo, no estás siendo injusto: en este caso todo lo contrario: te estás adaptando a su forma de ser y la estas respetando, y de ese modo, cada uno de tus hijos únicos es igualmente feliz: feliz a su manera.

Esto significa también, y de forma muy importante, que deberás respetar los deseos y necesidades de tu hijo, aunque no coincidan con los tuyos.

TIP: Respeta los deseos y necesidades de tu hijo, aunque no coincidan con los tuyos.

 

Un padre muy sociable que dedica mucho tiempo y esfuerzo a organizar una gran fiesta de cumpleaños para su hijo podría sentirse decepcionado al ver que él permanece escondido en su dormitorio, abrumado por todos los niños ruidosos que abarrotan la sala de estar. Pero incluso si las necesidades de tu hijo te sorprenden, debes respetarlas. Después de todo, no es trabajo de tu hijo cumplir con tus expectativas. Así que haz tu mejor esfuerzo para abrazar cada aspecto de su carácter.

En resumen, no hay lugar para un enfoque único en lo que refiere a la educación de los hijos. Cada niño es único y ése es el regalo: descubrir esa unicidad. Y por eso la tarea de los padres es tan apasionante y gratificante: Porque siempre estás descubriendo, aprendiendo y adaptando.

Así es que hemos visto ya el primer paso vital para unos hijos felices: respetar sus necesidades y su unicidad. ¿Y cómo hacemos esto? ¡Aprendiendo sobre ellos! 

 

TIP: Los niños introvertidos necesitan un estímulo amable y un espacio seguro para compartir sus sentimientos.

 

Cuando se trata de temperamento, nada es blanco o negro: todos poseemos nuestra propia mezcla de rasgos extrovertidos e introvertidos. Aun así, algunos niños se inclinan fuertemente hacia la introversión. Quizás les encanta estar en silencio sumidos en sus ensoñaciones, o tienden a retirarse a sus dormitorios para recuperar energías a solas. En estos casos, el siguiente par de estrategias puede resultarte útil.

Primero, es vital que ayudes a tu hijo a sentirse cómodo compartiendo sus sentimientos. La forma natural para procesar los sentimientos de niños más introvertidos es más interna, lo cual no es ni mejor ni peor: es su manera. Simplemente puede causar algún problema ya que los niños más introvertidos no suelen pedir ayuda cuando realmente la necesitan. También pueden guardar silencio sobre algo que no les gusta, y reprimirlo hasta que ya no pueden más. Esto conduce inevitablemente a un arrebato emocional que resulta tan confuso para ti, como para ellos mismos.

TIP: Una forma de estimular a un niño introvertido para que hable de sus emociones es llevar un cuaderno de emociones.

 

Una forma para tu hijo de empezar a adquirir el hábito de compartir emociones, es simplemente escribiéndolas en un libro de sentimientos.

Anota varias emociones, como el amor, la envidia, la felicidad y la ira. Pídele a tu hijo que dibuje en el libro una situación en la que experimentó cada uno de estos sentimientos. Conversad juntos sobre estas emociones y las experiencias de tu hijo.

También podéis recortar dibujos o fotografías de revistas que reflejen esas emociones y engancharlas en el cuaderno. Esta técnica no convertirá a tu hijo en más extrovertido de la noche a la mañana, pero reforzará la sensación de que puede sentirse seguro a la hora de compartir sus sentimientos cuando lo necesite.

TIP: Cuando corrijas a un niño introvertido, hazlo con dulzura y en privado.

 

Otra herramienta si tu hijo es algo más introvertido, es corregirlo con dulzura y en privado. Los niños introvertidos son sensibles y se avergüenzan fácilmente. Corregir a tu hijo delante de los demás es lo último que debes hacer, ya que provocarás aún mayor introversión, que se enfade, se avergüence y busque esconderse.

En su lugar, espera mejor a abordar cualquier problema en privado, y asegúrate de que tu hijo se sienta seguro y atendido mientras lo hablas con él.

 

TIP: Los niños extrovertidos necesitan poder hablar de sus experiencias.

 

Por el contrario, los niños de carácter más extrovertido pueden ser algo más inquietos y agitados físicamente y algo más impulsivos.

Los pequeños extrovertidos pueden resultar algo difíciles especialmente si eres un padre más del tipo tranquilo. En este caso hay que ayudar a tu hijo a equilibrar su interacción y movimiento naturales, con momentos en los que pueda desahogarse y aprender a relajarse.

Hablar y compartir (¡mucho!) es vital para un niño extrovertido. Procesan sus emociones externamente y, por lo general, afrontarán los sentimientos desafiantes compartiéndolos contigo. Hablar las cosas también es esencial para ellos en otros sentidos. Es posible, por ejemplo, que descubras que tu hijo es capaz de resolver mejor los problemas o los ejercicios de los deberes, cuando los habla en voz alta contigo, en lugar de reflexionar sobre ellos a solas en su habitación.

TIP: Los niños extrovertidos suelen tener mucha energía y necesitan actividades que den salida a esta energía, para poder tranquilizarse y centrarse mejor.

 

Los niños extrovertidos también tienen mucha energía, y será genial si puedes ayudarlos a desahogarse. La actividad física es una gran aliada. Ya sea practicando un deporte de equipo o corriendo por un parque, siempre se sentirá más tranquilo y concentrado después. Las actividades extracurriculares, como los deportes, incorporan estas actividades de salida a la rutina semanal de tu hijo.

Si la meteorología no acompaña, opta por actividades creativas, como plastilina, pintura, juego de títeres, experimentos científicos, juegos de construcción, juegos de mesa… son excelentes maneras de quemar algo de energía en el interior de casa en un día lluvioso.

TIP: A los niños extrovertidos les ayudan también las actividades de relajación.

 

Por último, si tu hijo es más de tipo extrovertido se beneficiará si aprende habilidades de relajación. Incluso los extrovertidos más enérgicos necesitan un poco de tiempo de inactividad.

Pero a veces no saben cómo calmarse. Aquí es donde tú entras en juego. Desde programas de yoga para niños por Internet, hasta ejercicios de respiración sencillos, existen muchos recursos con los que puedes experimentar para encontrar la rutina relajante que mejor se adapte a tu hijo. 

TIP: El juego mejora las habilidades sociales y emocionales, es una forma natural de aprender y absolutamente imprescindible para una infancia sana.

 

¿Recuerdas lo divertido que era jugar cuando eras niño? Algunos padres no lo hacen. Es un error ver al juego como una pérdida de tiempo que distrae a los niños. Todo lo contrario: los niños ensayan cosas jugando. Por ejemplo, tenemos el “role playing” o atribuir a los muñecos lo que los niños ven de los padres o de sus amigos, para así externalizar esos modelos y experimentar con ellos.

También tu hijo externaliza sus emociones y frustraciones a través del juego. Y da rienda suelta a su creatividad. El juego es un modo natural de aprender. Así es que es absolutamente necesario respetar un tiempo de juego en los niños, que deberá compatibilizarse con los deberes y resto de obligaciones de tu hijo. El juego es fundamental para una infancia sana.

A través de la diversión y de los juegos, los niños aprenden también a relacionarse, compartir y cooperar. ¿Te has fijado en qué hacemos los adultos cuando conocemos por primera vez a otro adulto? Lo más general es presentarse, darse la mano o un beso, y pasar a comentar algún tema, aunque sea banal como el tiempo, pero es un primer contacto. Cuando los niños se conocen, tras decirse hola y dar sus nombres, por lo general, si pueden, se ponen a jugar. Es su forma natural de establecer ese contacto que construya equipo y confianza.

Mediante el juego, los niños aprenden a resolver conflictos, encontrar compromisos y negociar. Desde decidir los roles cuando juegan a médicos y pacientes, hasta descubrir cómo construir juntos un castillo de arena o el trazado del circuito del tren.

Pero las habilidades sociales no son el único beneficio del juego.

Jugar es una excelente manera de que los niños comprendan y expresen sus sentimientos. Los niños rara vez parecen tan felices como cuando corren y juegan entre ellos. Y los niños que no se sienten cómodos expresando emociones más negativas, como enfado o tristeza, pueden usar títeres, juguetes o jugar a fingir que los expresan.

El juego resulta así tanto terapéutico como desarrollador para tus hijos.

Por ejemplo, una de las jóvenes pacientes de la autora, jugaba con una casa de muñecas y dejaba que su muñeca probara las diferentes formas de expresar tristeza y enfado ante la situación que la niña estaba viviendo (era adoptada). Así que su muñeca, durante el juego libre, huía de sus padres adoptivos, o les gritaba. Esto ayudó tanto a la niña como a su terapeuta a comprender mejor los sentimientos negativos que la situación estaba despertando en ella, y en poco tiempo la niña estaba explicando sus sentimientos a sus cuidadores en lugar de comportarse mal.

TIP: Combina el juego “guiado” con juguetes menos específicos e incluso con cosas que no sean juguetes, para que el juego del niño pueda ser más abierto.

 

El juego es universal en los niños. Y son capaces de jugar e imaginar con cualquier cosa. No les des solo juegos ya “montados”, en los que el propio juego ya te dice prácticamente lo que hacer (un coche por ejemplo. Ya sabemos qué hará tu hijo: hacerlo rodar por cualquier superficie).

Combina estos juguetes de juego “más guiado”, con otros juguetes más abiertos o incluso con cosas que no sean juguetes.

Por ejemplo, aprovecha la próxima vez que estés haciendo reorganización o limpieza de tu casa y estés pensando en tirar montones de cosas viejas, para encontrar cosas curiosas que tus hijos puedan utilizar: Entradas viejas para conciertos, utensilios de cocina, prendas de complemento que ya no uses (pañuelos, gorros; guantes…). Evidentemente asegúrate de que se trata de cosas seguras para la manipulación de tus hijos dependiendo de su edad.

Mételo todo en una maleta vieja o baúl y que sea su “baúl de las cosas raras”. Los niños tienen una gran imaginación y estarán encantados de convertir esas cosas que ibas a tirar en accesorios para el sinfín de escenas que imaginan en sus cabezas, Además, será un gran complemento para el juego cuando vengan sus amigos a casa. Déjales hurgar en ese “baúl” de las cosas raras como si fuera un regalo.

TIP: Procura no sobreproteger a tus hijos. En lugar de ello vez haciéndolos poco a poco responsables de sus actos y consecuencias.

 

Todos queremos que nuestros hijos sean felices. Pero la sobreprotección no es el camino. Debemos darles a nuestros hijos instrumentos para que se sientan fuertes y capaces de lidiar con todos los aspectos de su vida, poco a poco, con nosotros observándoles desde la retaguardia como backup, pero dejando que ellos sean los protagonistas, vayan tomando poco a poco sus propias decisiones.

Debemos ayudarles a entender que pueden elegir, y que con cada elección, hay un compromiso y unas consecuencias. Que sus sueños se pueden conseguir y sus problemas solucionar. Tanto para uno como para lo otro, la clave es: detallar primero qué es lo que se quiere o cuál es el problema. Para ello sirve escribirlo. Segundo: planificar un plan de acción (escribirlo también). Y, finalmente, pasar a la acción y ejecutarlo. Pequeños pasos y constantes, no se consiguen las cosas con un solo paso grande de golpe, sino con pasos pequeños y constantes en las direcciones correctas, y si no era la dirección correcta, se rectifica.

Y es necesario también que entiendan que los errores, no son tales, sino maneras de aprender cómo no funcionaba algo para que la próxima vez sea más fácil que salga bien. 

TIP: Ayuda a tus hijos a comprender que las emociones negativas son una parte natural de la vida y que es necesario reconocerlas y aprender de ellas.

 

Del mismo modo, tienes que enseñar a tus hijos a lidiar con las emociones negativas. Saber vivir de forma constructiva todo el espectro de emociones humanas, nos enriquece, nos nutre y nos enseña. Y ello incluye también a las emociones negativas.

TIP: Una cosa es el “ser” y otra es el “estar”. Podemos ser felices, aunque no estemos felices en ese momento.

 

Queremos que nuestros hijos sean felices. Y para ser felices, no hay que estar felices todo el tiempo: una cosa es ser, y otra cosa es estar. Mientras experimentamos una emoción negativa, no estamos felices por supuesto, pero cuando la superemos y aprendamos de ella, lo estaremos, y no habremos dejado en ningún momento de ser felices, porque el ser implica abrazarse, entenderse y desarrollarse con lo que haya, sea bueno o sea malo.

Así es que entendamos primero esta diferencia entre “ser”, que es un estado más permanente, prolongado en el tiempo, y nuclear, aunque también es dinámico y evoluciona a medida que aprendemos y experimentamos. Y el “estar”, que es un estado más puntual y circunstancial. Podemos por ejemplo estar enfadados, pero no ser personas enfadadas por naturaleza. Del mismo modo un niño puede ser feliz aunque no esté feliz en ese momento dado.

Abracemos pues las emociones negativas para aprender de ellas, lo cual les ayudará a madurar y a hacerse adultos. Los niños no tienen por qué estar felices todo el tiempo.

TIP: Represaliar a tu hijo por experimentar emociones negativas contribuirá a que las reprima. Debes ayudarlo a que las identifique y hable de ellas, para racionalizarlas. De otro modo aprenderá que sólo es aceptable compartir emociones positivas.

 

A pesar de ello, muchos padres intentan rechazar la infelicidad de sus hijos. Clasifican las emociones en “buenas” y “malas”, indicando a muchos niños que sentir miedo, ira, celos y tristeza está mal.

Los padres a menudo se sienten desconcertados e irritados por las fuertes reacciones negativas de un niño. Por ejemplo, en un centro comercial durante Semana Santa, la autora vio a varios niños pequeños sollozar de miedo después de ver a alguien disfrazado de conejito de Pascua. Visiblemente molestos, los padres lejos de consolarlos, les dijeron a sus hijos que dejaran de montar tanto escándalo.

A través de experiencias como ésta, los niños aprenden que sólo es aceptable compartir emociones positivas.

Esto puede incluso llevarlos a enmascarar y reprimir sus sentimientos negativos. Pero esto no es sano y no tiene por qué ser así. Todas las emociones, placenteras o dolorosas, son partes naturales de la experiencia infantil, y de la experiencia adulta: son parte integral de la vida en sí. Los padres somos responsables de ayudar a nuestros hijos a darse cuenta de ello, a reconocer todas las emociones que puedan tener, y a aprender de ellas.

Los niños más pequeños, en particular, tienen dificultades para afrontar sus emociones, sean más positivas o más negativas. A menudo se sienten abrumados y son incapaces de identificar o gestionar sus reacciones. Los padres están ahí para ayudarles a comprender esos sentimientos, ponerles “un nombre” (identificar la emoción) y hablar sobre ellos, con lo que les hacemos sentir más seguros y en control.

Si un niño pequeño llora de miedo debido a un aterrador conejito de Pascua, sus padres podrían decirle algo como: “Parece que estás molesto. Debes estar asustado por ese conejito, ¿verdad? Es natural: ¡Va vestido un poco raro ¿verdad? ¡Mamá no tiene un vestido así! ¿Y tú, tienes unos pantalones así en tu armario?…No pasa nada: él no te hará daño ¿ves que no está haciendo nada a nadie? Además, si te sientes mejor, puedes hacer esto: quédate aquí junto a mí”. Esto ayuda al niño a comprender de dónde viene su sentimiento; cómo se llama (para que le sea fácil identificarlo y decírnoslo la próxima vez que vuelva a experimentarlo); que está bien sentirse así; y que puede dejar de sentirse así haciendo algo (en este caso, estando junto al padre o madre), de modo que se sienta más en control de la situación.

TIP: Los niños necesitan modelos sólidos que imitar para desarrollar su empatía. El primer modelo somos los padres, pero también ayudan abuelos, otros adultos familiares, profesores y otros niños (hermanos, familiares o amigos) algo mayores que tu hijo.

 

Los humanos somos, en cierto modo, instintivamente empáticos. Por eso un bebé tiende a llorar si escucha llorar a otro. Pero, aunque los humanos demuestran la capacidad de empatizar desde una edad muy temprana, todavía tienen mucho desarrollo emocional por realizar a lo largo de sus vidas. La capacidad de sentir empatía por la situación y la perspectiva de alguien es más una habilidad que un instinto, y los padres están ahí para ayudar a los niños a aprenderlo.

Empieza por darle a tu hijo un modelo empático a seguir. Y ese primer modelo, como suelo suceder en todo con nuestros hijos, al menos inicialmente, somos nosotros.

Si muestras tú mismo falta de empatía hacia tu hijo, difícilmente puedes esperar que se convierta en una persona empática por sí solo. Muestra empatía a tus hijos y no tardarán en darse cuenta de que ellos pueden hacer lo mismo.

Formas fáciles de expresar empatía son: respetar sus sentimientos; escucharle sin interrumpir; preguntarle y hablar sobre sus asuntos; y demostrarle que le comprendemos. Comparte también cosas de tu propia experiencia para que vea que lo que siente también lo pueden sentir otras personas.

También puedes pedir ayuda a hermanos mayores, primos o amigos. Los niños a menudo tienen dificultades para “conectar” con la vida adulta de padres y maestros, así que los hermanos, primos y niños mayores son modelos naturales para los más pequeños.

Pídeles a estos niños que ayuden a tu hijo a aprender la importancia de la empatía, animándolos a compartir sus emociones con tu hijo y a explicarle con sus propias palabras qué es la empatía y por qué es importante ser empático. Esto además puede crear relaciones valiosas de las cuales tu hijo también se enriquecerá.

TIP: Protege la salud de su hijo ayudándole a afrontar el estrés.

 

Hoy en día, la mayoría andamos estresados. Desafortunadamente, esto incluye a nuestros hijos a quienes al final del día los “adultos” les hemos traslado esta sensación, que han ido acumulando a lo largo del día.

A la propia prisa y estrés de los padres, le sumamos las prisas por llegar a tiempo al colegio, entornos competitivos en clase o en las actividades extraescolares, horarios repletos…No es de extrañar que los niños acaben sintiendo estrés al final del día, aunque no sepan lo que es: es pura transferencia e imitación de lo ven a su alrededor.

Así es que tenemos parte de responsabilidad en esta situación y bueno será que les ayudemos a recargarse y recuperarse, dándoles sencillas herramientas para lidiar con esta sensación.

Primero, debemos recordar que algunas cosas pueden resultar estresantes para nuestros hijos sin que nos demos cuenta. Por ejemplo, es posible que estés acostumbrado a ver las noticias, pero tu hijo no. Ver imágenes de desastres naturales, hambrunas y guerras puede ser francamente aterrador para un niño. Procura que tu hijo no vea las noticias negativas, y en caso de ser necesario o inevitable, coméntalas siempre con él.

En segundo lugar, considera el papel que desempeña el trabajo escolar en el estrés de tu hijo. A medida que aumenten las tareas escolares, algunos niños son reacios a abandonar sus queridas actividades extracurriculares, así es que pueden estresarse porque no tienen tiempo para relajarse. Protege a tu hijo de esta situación ayudándole a planificar el tiempo durante la semana para que compatibilizar deberes, actividades extraescolares y tiempo necesario de relajación.

Esto es crucial, porque el estrés puede dañar la salud física y mental de tu hijo. Incluso los niveles bajos de estrés de forma mantenida, pueden interferir con los patrones de sueño de tu hijo, mientras que el estrés reprimido puede provocar migrañas y dolor de espalda y cuello. El estrés crónico puede incluso causar enfermedades duraderas y presión arterial alta a una edad temprana. Los niños estresados ​​también corren el riesgo de sufrir ansiedad y depresión, lo que afecta a su vida familiar, social y académica.

Ayuda a tu hijo a aprender a manejar el estrés mediante el uso de técnicas de relajación. Un truco atemporal es la respiración de relajación, en la que inhalamos (introducimos aire) contando hasta tres; contenemos la respiración durante otros tres segundos; y exhalamos (expulsamos el aire) durante otros tres. Haz esta respiración con él para que la aprenda y luego pueda hacerla solo cuando lo necesite. Puedes también complementar aún más esta técnica guiando la imaginación de tu hijo a su lugar favorito o describiéndole un paseo por la playa, o viendo algo que le guste o escuchando su canción favorita.

Educar bien a tu hijo consiste en dejarle prosperar. Darle responsabilidades y herramientas para afrontar sus propias decisiones y las consecuencias de sus actos. Aportarle un marco estable de valores y reglas coherentes para que se sienta seguro. Ayudarle a descubrirse, conocerse, entenderse y aprender de sus emociones y experiencias de forma constructiva. Ayudarle a quererse a sí mismo en su unicidad y en las diferencias con los demás. Y a querer también a los demás y a sus diferencias, reconociendo también lo únicos que son los otros. Ayudarle a conocer su personalidad única y a reconocer también sus necesidades específicas, y cómo él mismo es capaz de satisfacerlas (inicialmente quizá no todas, pero sí con el tiempo). Ser un modelo a seguir del que puedan aprender y, sobre todo, brindarles la libertad que necesitan para jugar, crecer y ser ellos mismos.

¿Quieres profundizar más?
Katie Hurley, «The Happy Kid Handbook»

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